Leyendas mexicanas

Leyendas mexicanas

El Pozo de las Cadenas

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Tecate es una ciudad de Baja California, ubicada al final de una peligrosa carretera conocida como “La Rumorosa”. Alrededor de 1910, en épocas de la Revolución, vivía ahí un matrimonio muy pacifico y trabajador. Era una pareja sin hijos. El hombre cultivaba las tierras y su esposa se encargaba del cuidado de la casa. En aquella época no había mucha gente en los alrededores.

Un día aparecieron unos hombres que llevaban varias horas caminando bajo el sol ardiente. Muy cansados y sedientos, vieron al hombre que trabajaba en sus cultivos y con total educación le pidieron un poco de agua. El campesino se había bebido ya hasta el último trago, pero pensando en el mal rato que venían pasando aquellos forasteros, los invitó hasta su casa para darles agua del pozo. Sigue leyendo

Leyenda del espectro de la puerta de Tierra

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Mamá Rita era una viejecita que, durante años, había vendido antojitos a los parroquianos frente a la Puerta de Tierra, bajo el portal que existía en esa barriada. El portal estaba acondicionado como mesón rústico, y sus mesas casi siempre las ocupaban viajeros o negociantes.

Rondaba la media noche, quedaban pocos clientes en el mesón y ya no andaba nadie por la calle. El vigilante cabeceaba sentado sobre un madero. Un par de amigos platicaban mientras esperaban a un tercero que venía de lejos, uno de ellos expresó preocupación, diciendo: – Es que por el mismo camino vi una vez una lucecita. Pensé que era un espanto; porque dicen que se tiembla cuando se aparece un alma. Cuando llegué a la lucecita había un hombre todo vestido de negro, acurrucado junto a la lucecita, al querer bajarme para ver en que podía ayudarlo, él alzó la cabeza para mirarme, y sus ojos eran como las brasas de un fogón, echaban chispas. ¡Era el demonio!, no me podía mover! Solamente pude decir: ¡Jesucristo! ¡Y vi cómo el Malo retrocedió tapándose la cara, como si alguien lo estuviese golpeando! – Sigue leyendo

Leyenda del Panteón de Santa Paula

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En la colonia Guerrero antes había un panteón llamado Panteón de Santa Paula, estaba por los rumbos de Garibaldi. A recientes fechas el cementerio ya no existe porque lo demolieron para construir unos departamentos, o algo parecido.

Pero allá por sus épocas de gloria en el siglo pasado, era un panteón muy famoso porque ahí sepultó a gente importante del siglo XIX, incluyendo a Antonio López de Santa Anna, o al menos una parte de él, porque se dice a manera de tradición oral, que ahí le dio cristiana sepultura con todos los honores a la pierna que le volaron en una guerra.

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Cruz Verde de Monterrey

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El paramédico de la Cruz Verde de Monterrey Eduardo Rivera cuenta que algo extraño ha estado ocurriendo por las noches. Varios fenómenos se han manifestado en sus instalaciones causando sorpresa en más de uno. Dice que en una de las paredes del pasillo que van a dar al área de enseñanza vio una sombra y después un bote se comenzó a mover, todos salieron corriendo de donde estaban para ver que sucedía, y al llegar vieron como el garrafón de agua había sido movido más de un metro.

Otro paramédico ha dicho que una noche le golpeaban a la puerta del cuarto de descanso fuertemente, reacciona asustado por el ruido repentino y porque la toalla que colgaba ahí había caído, con rapidez se levanta de la cama y al abrir la puerta ve correr una sombra por el pasillo, aunque hace esfuerzos por perseguirla se da cuenta al darle alcance que no era una persona, solo una sombra. Sigue leyendo

Leyenda de La Casa de Don Bartolo

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Esta es una famosa leyenda del estado de Querétaro, hace referencia a un edificio, “La Casa de Don Bartolo”. Que debe su fama a un hecho escalofriante que sucedió en ella. A mediados del siglo XVII, Don Bartolo un hombre adinerado y cristiano, vivía con su hermana y su hermana con la que se dice sostenía relaciones incestuosas.

Para celebrar su cumpleaños cada año organizaba una fiesta en la que no faltaba un brindis que cada desde hacía ya tiempo era el mismo, repitiendo la frase: -Brindo por la señora mi hermana, por mi ánima y por el 20 de mayo de 1701-. Paso el tiempo, su fortuna crecía y su celebración era igual cada año, hasta llegar la sombría noche del día que tanto mencionaba en su brindis, 20 de Mayo de 1701, justo en el momento de sonar las doce de la noche se escuchó una fuerte detonación seguida de un extraño silencio que asustó a todos los vecinos. Sigue leyendo