Leyendas mexicanas

Leyendas mexicanas

La mestiza y la perra

leyendas mexicanas La mestiza y la perra

Esta es una leyenda que se cuenta desde hace muchos años en un lugar cercano a la ciudad de Mérida Yucatán.

Se dice que vivía en el lugar una mestiza con un bebe y una perra, era una mujer sola, y no tenía a nadie más en el mundo.  Era también muy pobre y todos los días tenía que encaminare a un lejano pozo, para llenar los cantaros, recorría ese camino una y otra vez, hasta no poder más.

Un día como cualquier otro, se rompió la rutina, pues el bebé no paraba de llorar, lo hacía tan desesperadamente que la mujer dudaba en ir al pozo por el agua, pero sabiendo que tenía que hacerlo, intentó callar al niño sin resultado, como tampoco podía llevarlo con ella, cayó presa de la angustia y se desquitó con la perra, gritándole maldiciones: – ¡Maldita perra! lo único que haces es estar echada si tan solo me ayudaras a dormir al niño! pero ni para eso sirves –, le reclamo al inocente animal.   Sigue leyendo

Leyenda del Hechizo del Pando

Leyendas mexicanas Hechizo del Pando

Hilario sentía que la enfermedad se le agravaba cada vez más. La padecía desde hacía ya mucho tiempo, y nada había resultado para curarse. No había sido constante en curación; nunca había sido atendido por un médico. El se decía para sus adentros: – ¿Para qué curarme un médico? Los médicos no curan el hechizo. No pueden curarlo ni creen en él. Y sin embargo, por algo dicen que cuando el tecolote canta, el indio muere…¡yo no tengo remedio! –

Hilario estaba hechizado por una mala mujer que fue su esposa. Ella le causaba al pobre hombre un mal incurable para vengarse de él. Había personas que aseguraban que Teofila, la amada perversa, tenía un muñeco que era el vivo retrato de Hilario, con una espina clavada en la espalda. Aquel infeliz se moría a pausas, sufriendo atroces dolores, La espina que tenía el muñeco clavada en la espalda le causaba terribles dolencias que los médicos no saben curar. El hechizo era lo que hacía padecer a Hilario. Margarita, su hermana, le hacía cuanto remedio le aconsejaban los vecinos del barrio, y sobre todo los boticarios. Pero por más intentos, el mal simplemente no cedió. Sigue leyendo

leyendas mexicanas Diablo en Pañales

El Diablo en Pañales

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Esta es una leyenda de la época colonial, muy popular en México. Comienza así; cierta vez, ya muy entrada la noche, circulaba por callejuelas retorcidas y mal formadas de la ciudad un hombre pasado de copas. Las calles eran alumbradas apenas con unos pequeños candiles que al reflejar las sombras formaban tétricas figuras fantasmagóricas, hecho pasado por alto por aquel hombre en evidente estado de ebriedad. Caminaba por ahí sin sobresalto, de pronto escuchó levemente el llanto de un bebé, era un llanto ahogado. Se detuvo tambaleante pero ya no escuchó nada más que el aullar de los perros en la lejanía. Sigue leyendo

leyendas mexicanas pozo

El Pozo de las Cadenas

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Tecate es una ciudad de Baja California, ubicada al final de una peligrosa carretera conocida como “La Rumorosa”. Alrededor de 1910, en épocas de la Revolución, vivía ahí un matrimonio muy pacifico y trabajador. Era una pareja sin hijos. El hombre cultivaba las tierras y su esposa se encargaba del cuidado de la casa. En aquella época no había mucha gente en los alrededores.

Un día aparecieron unos hombres que llevaban varias horas caminando bajo el sol ardiente. Muy cansados y sedientos, vieron al hombre que trabajaba en sus cultivos y con total educación le pidieron un poco de agua. El campesino se había bebido ya hasta el último trago, pero pensando en el mal rato que venían pasando aquellos forasteros, los invitó hasta su casa para darles agua del pozo. Sigue leyendo

Leyenda del espectro de la puerta de Tierra

Leyenda mexicana puerta de Tierra

Mamá Rita era una viejecita que, durante años, había vendido antojitos a los parroquianos frente a la Puerta de Tierra, bajo el portal que existía en esa barriada. El portal estaba acondicionado como mesón rústico, y sus mesas casi siempre las ocupaban viajeros o negociantes.

Rondaba la media noche, quedaban pocos clientes en el mesón y ya no andaba nadie por la calle. El vigilante cabeceaba sentado sobre un madero. Un par de amigos platicaban mientras esperaban a un tercero que venía de lejos, uno de ellos expresó preocupación, diciendo: – Es que por el mismo camino vi una vez una lucecita. Pensé que era un espanto; porque dicen que se tiembla cuando se aparece un alma. Cuando llegué a la lucecita había un hombre todo vestido de negro, acurrucado junto a la lucecita, al querer bajarme para ver en que podía ayudarlo, él alzó la cabeza para mirarme, y sus ojos eran como las brasas de un fogón, echaban chispas. ¡Era el demonio!, no me podía mover! Solamente pude decir: ¡Jesucristo! ¡Y vi cómo el Malo retrocedió tapándose la cara, como si alguien lo estuviese golpeando! – Sigue leyendo