Cuentos de terror

Cuentos de terror

Humo en el viento

Humo en el viento

Fernando era un niño con mucha suerte, había nacido en cuna de oro con todos los cuidados y cariños de una amorosa familia. Desafortunadamente, perdió a sus padres a muy temprana edad debido a un terrible percance aéreo.

Desde ese día, su custodia quedó en manos de su abuelo Martín, el único pariente vivo que le quedaba. Fue entonces cuando su vida dio un giro de 360°, ya que Martín era un hombre extremadamente estricto y severo; incapaz de transmitir ninguna emoción amorosa. Sigue leyendo

La excursión

La excursión

Recuerdo que estaba muy emocionado, aquella fría mañana de abril. Era la primera vez que la escuela nos llevaba a una excursión fuera de la ciudad, anteriormente todas las visitas habían sido únicamente a museos o ciertas dependencias del gobierno local.

El reloj marcaba las 6:45 de la mañana y ya todos estábamos acomodados en nuestros respectivos lugares dentro del autobús. La distancia que íbamos a recorrer era de aproximadamente 350 km, con lo que según mis cálculos a las 11 llegaríamos a “los Cerezos”, un bellísimo invernadero que estaba enclavado en el bosque. Sigue leyendo

El apartamento número seis

Leyendas y Cuentos de Terror

Ya estaba cansado de ese horrible color amarillo de mis paredes, tanto así que me comuniqué con algunos pintores para que me hicieran un presupuesto. No obstante, como el costo de la mano de obra resultaba demasiado caro, decidí realizar el trabajo por mi cuenta.

Fui a uno de esos almacenes que se dedican a vender todas las cosas necesarias para el mantenimiento del hogar. Tú sabes: cortinas, baños, pintura, puertas etc. Total que compré unos cuantos galones de pintura, suficientes brochas al igual que rodillos y regresé a mi hogar para poner manos a la obra. Sigue leyendo

La posada

La posada

Rosario se dirigía en su auto a casa de sus abuelos con motivo de una gran celebración. Sin embargo, a ella no le gustaba manejar de noche por carretera pues decía que cualquier cosa podía suceder y que nadie estaría dispuesto a socorrerla.

Desafortunadamente sus más grandes temores se hicieron realidad, ya que de pronto uno de los neumáticos reventó. Bajó rápidamente del auto y antes de abrir la cajuela se cercioró de que ninguna persona la estuviera observando. Buscó de manera frenética la llanta de refacción, pero no encontró nada. Sigue leyendo