Cuentos de terror

Cuentos de terror

En casa de mi tía Marta

Leyendas y cuentos de terror

Este acontecimiento ocurrió hace más de 20 años, pero perdura en mi memoria como el día en que sucedió. Todos los martes por la noche nos reuníamos en casa de mi tía Marta para cenar. Invariablemente el menú estaba compuesto por tamales y atole.

Antes de pasar al comedor, platicamos un rato sobre las cosas que nos habían pasado durante la semana. A veces esas conversaciones se podrían prolongar hasta un par de horas. Justamente a las nueve de la noche, se escuchó claramente cómo alguien entraba por la puerta principal (lo sé, porque en ese momento sonó el reloj cucú, que se encontraba empotrado en una de las paredes).

Todos los que estábamos sentados en la sala, vimos pasar a un hombre con un abrigo y sombrero. Era Narciso, mi bisabuelo. Él acostumbraba llegar un poco antes de la cena, para que así le diera tiempo de dormir una pequeña siesta. De igual forma, tenía la costumbre de irse a su cuarto sin saludar a nadie. Por lo que a nadie tomó por sorpresa ese comportamiento.

La charla siguió y el tiempo pasó volando. Minutos antes de las 10, mi tía me mandó a despertar a mi bisabuelo para cenar. Llegué a su habitación y me llamó la atención que no estaba ahí. Es más, tanto la colcha cómo las almohadas se encontraban perfectamente acomodadas, es decir, estaban dispuestas de un modo inmaculado. Como la casa era muy grande, pensé que estaba en otra habitación, busqué de arriba abajo y no lo encontré.

Me disponía a bajar las escaleras cuando sonó el teléfono, levanté la bocina y una cálida voz me dijo: Sigue leyendo

El fantasma de la ventana

Cuentos de terror

La historia que enseguida voy a relatarles, me acaba de suceder hace unas pocas semanas. De hecho, fue comenzando junio fecha en la que me mudé de casa. Mi apartamento es pequeño, pero tiene muchísimas ventanas y como está ubicado en el quinto piso de un edificio, la vista es inmejorable.

Una tarde, el cielo se ennegreció y en cuestión de segundos se comenzaron a escuchar truenos fortísimos. A mí en lo particular me gustan las tormentas fuertes, pues hasta cierto punto el sonido del agua y del viento golpeando contra las paredes me parece relajante. Tomé un libro de la repisa, me acomodé en un sillón y justo cuando me disponía a leer empecé a escuchar unos golpecitos en la ventana del comedor. Fui hacia ella, pero no había nada, ni siquiera una rama que por efecto del viento rosara el vidrio. Apenas había regresado a mi lugar cuando volví a escuchar aquel sonido, sólo que ahora con mayor fuerza. Era como si con un dedo de la mano estuvieran golpeando, como cuando le tocas al cajero para que te atienda. En fin, esta situación se repitió varias veces, hasta que apareció la figura de un hombre. Lo que llamó mi atención es que éste llevaba la ropa ensangrentada.

Desconozco la razón, pero no sentí miedo, al contrario, abrí la ventana y le pregunté:

– ¿Qué es lo que necesitas?

– Ayuda… ayuda. Era todo lo que decía.

– ¿Quieres que te siga?

Él asintió con la cabeza. Me puse una chaqueta y salí corriendo. Cuando llegué a la puerta del edificio, aquel hombre estaba esperándome. La sangre de su vestimenta, había desaparecido por completo.

Me dijo: – ¡No hay tiempo, corre hay que sacarlo! Sigue leyendo

El salón de Arcadias

El salón de Arcadias

En el mundo de los videojuegos, el término de Arcadia se encuentra asociado a aquellas grandes máquinas que eran instaladas en comercios de distinta índole y que servían como un modo de entretenimiento alternativo al de los juegos clásicos.

Muchas personas vieron el potencial de las famosas “maquinitas”, dado que se necesitaba poco mantenimiento y los beneficios eran bastantes, debido a que el jugador debía depositar una cierta cantidad de dinero para continuar su partida.

Sin embargo, con el arribo de las consolas caseras, estos locales fueron desapareciendo gradualmente.

Justamente Ismael era un hombre que se resistía a dejar morir su salón de Arcadias creando promociones y descuentos para su clientela.

Por ejemplo, los lunes por únicamente $50, el jugador tenía derecho a fichas limitadas por un periodo de una hora. Los martes los refrescos se encontraban al 2 × 1 etcétera.

- Maldición, si esto sigue así, tendré que traspasar el negocio. Cavilaba Ismael.

Una tarde, llegó una simpática mujer y dirigiéndose hacia el mostrador le dijo:

- Hola, quería jugar con su máquina de Pinball, más me di cuenta de que está averiada.

- Sí, no he tenido tiempo de mandarla a arreglar. ¿Le apetece jugar otra cosa? Replicó Ismael.

- No, lo cierto es que venía a mostrarle mi catálogo de juegos, pero quise revivir mi infancia. Dijo la chica.

- ¿Cómo de este tipo son?

- Tengo de todos: Desde títulos deportivos hasta aquellos que tienen sus headsets para gaming, en los que la realidad virtual es el elemento principal.

- Mire, déjeme su número telefónico y luego de consultarlo con mi socio le llamo. ¿Está bien?

- De acuerdo. Sin embargo, quisiera dejarle un demo de un juego que está buenísimo. Se llama “El extractor de esencias”. Estoy convencida de que le gustará.

La mujer salió del establecimiento, dejando sobre el mostrador una consola portátil con el cartucho insertado.

Ismael, quien además era un video jugador experto, encendió el artefacto y jugó hasta que se hizo de noche.

Al apagar el aparato una luz fuerte de dio la cara, reventando su cerebro en mil pedazos. En resumidas cuentas, un alma más que se sumaba al “extractor de esencias”.

El día que mi vida cambió

Leyendas y Cuentos de Terror

Fui al laboratorio para realizarme mi examen anual, aquella mañana todo parecía perfectamente normal. Luego de unos minutos de aguardar en la sala de espera, la enfermera me hizo pasar al consultorio del Doctor López.

Ahí estaba él. Ese médico era todo un personaje, siempre tenía el ceño fruncido aunque estuviera de buen humor. Me observó con una mirada fría y penetrante y dijo:

– ¡Quítese la camisa!, Le vamos a sacar un poco de sangre para revisar que todo esté bien. ¡Ah!, pero antes de eso, déjeme comentarle que de acuerdo con su expediente, es el momento adecuado para administrarle la vacuna de la gripe.

– ¡Pero, Doctor!, Estamos en agosto, ¿no le parece un poco precipitado? – Repliqué sorprendido.

– Nada de eso, al contrario, si lo inoculamos de una vez nos estaremos asegurando de que ningún virus lo ataque. – Contestó el galeno.

Yo estaba muy inquieto, había algo que no me gustaba, sólo que desafortunadamente no supe que era. La enfermera llegó con una jeringa más grande de lo habitual, la cual contenía en su interior un extraño líquido de color naranja.

– Oiga Doc, Esa no es la vacuna de la influenza – Aseveré.

– Es una nueva fórmula que lo protegerá por más de dos años, de cualquier tipo de influenza (común, H1N1 etc.) así como de otras tantas enfermedades. Además, como este tratamiento se encuentra en fase de prueba, no tiene costo. Sin embargo, le aseguro que le estamos ofreciendo lo último que hay en el mercado.

Acepté prácticamente a regañadientes que me aplicarán la inyección. Comencé a sentir mareos y náuseas inmediatamente después de que salí del consultorio. Poco después llegué a mi casa, me sentía exhausto. Me recosté en un sillón y me quedé dormido hasta que el teléfono me despertó. Era Sonia, mi novia, quien me recordaba que esa noche habíamos quedado en salir a cenar. Le dije que me sentía indispuesto y ella comenzó a enfadarse pues casi todas las veces que hacíamos planes era yo quien los cancelaba a última hora. Por tanto, no aceptó un no por respuesta y quedé de recogerla en su domicilio a las nueve de la noche. Sigue leyendo

Humo en el viento

Humo en el viento

Fernando era un niño con mucha suerte, había nacido en cuna de oro con todos los cuidados y cariños de una amorosa familia. Desafortunadamente, perdió a sus padres a muy temprana edad debido a un terrible percance aéreo.

Desde ese día, su custodia quedó en manos de su abuelo Martín, el único pariente vivo que le quedaba. Fue entonces cuando su vida dio un giro de 360°, ya que Martín era un hombre extremadamente estricto y severo; incapaz de transmitir ninguna emoción amorosa. Sigue leyendo