Cuentos de terror

Cuentos de terror

El Cuentista

Estaba solo en la habitación, sentado en una esquina, lleno de preocupación, pues de la nada simplemente un día, se despertó sin ninguna inspiración, sentía el alma vacía, el corazón aletargado, todo aquello que antes le ilusionaba escribir, inventar, sentir, se volvió indiferente.

Pensaba en que tenía muchos compromisos aun, cientos de cuentos por entregar y nada que le diera una razón para escribir, después de intentarlo muchas veces, con el piso lleno de hojas llenas de letras pero con ningún sentido.

Sumido en su gran pena, escuchó una voz, que suavemente le dijo –No te preocupes aquí estoy-, volteaba alrededor, buscando la fuente, pero sin poder ver nada, creyó que se estaba volviendo loco, pero como aun cargaba una gran depresión encima, volvió a agachar la cabeza, sintió entonces un escalofrió en la espina cuando una mano le tocó la nuca. Se puso en pie en un segundo, esperando se revelara ante él la causa de tal espanto. Pero de nuevo ¡Nada!.

Sintió que su pena se hizo más grande hasta derramarle las lagrimas, y entonces se dejó caer en la cama, en un momento el cuerpo le pesaba tanto que no podía si quiera voltear, mirando fijamente hacia el techo un ligero humo negro, empezaba a formar una figura encima de él, justo frente a sus ojos, se creó una túnica negra de entre la cual apenas alcanzaba a apreciarse un rostro cadavérico, abrazando su cuerpo con firmeza la aparición le dijo Soy la muerte y estoy contigo- el cuentista rompió en llanto profundo, podrían pensar algunos que le había llegado la hora, pero él por el contrario sentía paz, y una nueva alegría, que transformó su llanto en risa y entonces de nuevo la muerte le dijo: -Tu inspiración a mi servicio, escribe mis hazañas para que la gente recuerde que aun existo-. El cuentista aceptó sin vacilar, pues en ese justo momento ya había creado una historia para aquel hecho tan singular.

Abrazado de la muerte, convertidos en polvo en medio de un remolino, viajaron toda la noche a cada rincón de la tierra, en donde la muerte levantó su cosecha. Tomaba cada alma de diferente manera, haciendo que la mente del cuentista volara, creando miles de historias.

El Caballo de Madera

Eran las vacaciones de verano que Pablo y Luis habían estado esperando, después de no verse por tres años, los primos habían planeado reunirse en el rancho de Luis. Tenían todo casi cronometrado para no perder ni un solo instante y disfrutarlo al máximo, en cuanto el chico llegó de la ciudad, salieron al campo y no volvieron hasta la hora de cenar. Fueron a dormir con muchas cosas que contar pero el tiempo no fue suficiente ya que cayeron profundamente dormidos.

Alrededor de las tres de la madrugada, se sentía un frio muy intenso en la habitación, que no disminuía aun con la ventana cerrada, así que Pablo fue en busca de otra manta. Cuando regresaba por la escalera tuvo la sensación de que alguien lo seguía, se detuvo en seco, un escalofrió intenso le invadió el cuerpo, cuando vio como se hundían los escalones de madera, y crujían como si alguien subiera por ellos. De inmediato regresó a la habitación, y encontró algo que le dio más miedo aun. Su primo estaba suspendido en el aire, profundamente dormido, con las manos y piernas colgando, como si alguien lo llevara en brazos. Sigue leyendo

El salón de Arcadias

El salón de Arcadias

En el mundo de los videojuegos, el término de Arcadia se encuentra asociado a aquellas grandes máquinas que eran instaladas en comercios de distinta índole y que servían como un modo de entretenimiento alternativo al de los juegos clásicos.

Muchas personas vieron el potencial de las famosas “maquinitas”, dado que se necesitaba poco mantenimiento y los beneficios eran bastantes, debido a que el jugador debía depositar una cierta cantidad de dinero para continuar su partida.

Sin embargo, con el arribo de las consolas caseras, estos locales fueron desapareciendo gradualmente.

Justamente Ismael era un hombre que se resistía a dejar morir su salón de Arcadias creando promociones y descuentos para su clientela.

Por ejemplo, los lunes por únicamente $50, el jugador tenía derecho a fichas limitadas por un periodo de una hora. Los martes los refrescos se encontraban al 2 × 1 etcétera.

– Maldición, si esto sigue así, tendré que traspasar el negocio. Cavilaba Ismael.

Una tarde, llegó una simpática mujer y dirigiéndose hacia el mostrador le dijo:

– Hola, quería jugar con su máquina de Pinball, más me di cuenta de que está averiada.

– Sí, no he tenido tiempo de mandarla a arreglar. ¿Le apetece jugar otra cosa? Replicó Ismael.

– No, lo cierto es que venía a mostrarle mi catálogo de juegos, pero quise revivir mi infancia. Dijo la chica.

– ¿Cómo de este tipo son?

– Tengo de todos: Desde títulos deportivos hasta aquellos que tienen sus headsets para gaming, en los que la realidad virtual es el elemento principal.

– Mire, déjeme su número telefónico y luego de consultarlo con mi socio le llamo. ¿Está bien?

– De acuerdo. Sin embargo, quisiera dejarle un demo de un juego que está buenísimo. Se llama “El extractor de esencias”. Estoy convencida de que le gustará.

La mujer salió del establecimiento, dejando sobre el mostrador una consola portátil con el cartucho insertado.

Ismael, quien además era un video jugador experto, encendió el artefacto y jugó hasta que se hizo de noche.

Al apagar el aparato una luz fuerte de dio la cara, reventando su cerebro en mil pedazos. En resumidas cuentas, un alma más que se sumaba al “extractor de esencias”.

Terror en la bodega de vinos

Terror en la bodega de vinosCierto día Jorge caminaba por entre los prados hasta que se dio cuenta que pronto caería una gran tormenta. El cielo se ennegreció en un santiamén y los rayos eran lo único que alumbraba aquel paraje.

Corrió a toda prisa, pues quería refugiarse de la lluvia, mas no encontraba ningún sitio próximo.

Después de unos minutos, alzó la vista y notó que frente a él se encontraba una vieja casa hecha de piedra. Se acercó a la morada y con el puño cerrado golpeó la puerta de madera fuertemente. Esta se abrió acompañada de un intenso rechinido, lo que hizo que a Jorge le entrara un terrible sentimiento de terror en el cuerpo.

Sin embargo, sabía que era mejor estar aquí que en otro lado. Del bolsillo de su pantalón sacó su encendedor y lo usó para ubicarse mejor dentro de la propiedad.

Empotrado en una pared vio un soporte el cual sostenía una tea. La encendió y camino por el extenso pasillo. Al final del corredor topó con un portón de gran tamaño.

– ¿Hay alguien ahí? Gritó enérgicamente.

Una vez más nadie le contestó. Entonces se dispuso a averiguar qué era lo que había en esa habitación.

Entró y se dio cuenta que aquel cuarto estaba repleto de botellas de vino. De hecho era una colección de bebidas y licores de distintos países cuidadosamente colocados en estantes según su grado de añejamiento.

– ¡Me saqué la lotería! Éste va a ser un auténtico festín.

Como pudo reventó el cuello de una botella y comenzó a beber su contenido como si de agua se tratara. Así lo hizo con varios recipientes más, hasta que perdió el conocimiento.

Desorientado abrió los ojos y su vista se enfocó en un recipiente de color dorado que tenía escrita una palabra en idioma antiguo.

Lo destapó y apreció que se trataba de un licor color marrón de fuerte aroma.

– Veamos a que sabe. Dijo.

Desdichadamente tras unos cuantos tragos, la piel de su cuerpo se le empezó a desprender y lo mismo pasó con sus órganos internos. Increíblemente la sangre de Jorge viajó por el aire hasta depositarse dentro de la vasija dorada.

Poco después las botellas volvieron a acomodarse y los restos del hombre se esfumaron por arte de magia negra.

Trufas de chocolate

Trufas de chocolate

Jazmín tiró por accidente al suelo el abrigo de su marido, mientras hacía el aseo de la casa. Cuando lo levantó, de uno de sus bolsillos se asomó una pequeña hoja de papel cuidadosamente doblada.

La curiosidad hizo que la mujer lo leyera, aunque sabía que no era lo correcto.

El texto que allí se hallaba era una carta de amor escrita por la amante de su marido, quien le agradecía los buenos momentos que habían pasado apenas una semana atrás.

Jazmín haciendo memoria, recordó que la fecha señalada en la misiva coincidía con el cumpleaños de su pequeña hija. Sin pensarlo dos veces, llamó a su marido al trabajo y le pidió que por favor ese día llegara temprano a su casa, pues debía hablar con él muy seriamente.

En el instante en que él arribó, la mujer le restregó el papel en el rostro y le dijo:

– ¡Qué desvergonzado eres Lisandro! No pudiste acompañar a Karen el día de su santo, inventándome que tenías una reunión de negocios muy importante en Miami.

– Mira mi amor, te equivocas. Por favor, déjame que te explique es un malentendido.

– No me interesa nada de lo que tengas que decir, quiero que recojas tus cosas y te vayas de aquí.

Ante tal panorama, Lisandro cambió su táctica y encarando a Jazmín le comentó:

– Pienso que eso que deseas no se va a poder. Te recuerdo que la casa es mía y en todo caso la persona que tendría que irse serías tú. Déjate de cosas, además como si fuera la primera infidelidad de mi parte que ocurre en este matrimonio.

– Tienes razón, perdóname, la que tiene la culpa de que busques calor en otros brazos soy yo. Lo que pasa es que me dolió mucho que le rompieras el corazón a nuestra hija por no acompañarla en su cumpleaños.

– ¿Ya ves como todo se soluciona hablando civilizadamente? Dijo riendo Lisandro, mientras iba camino a su habitación.

Jazmín permaneció unos minutos en la sala pensando cuál sería la mejor manera de vengarse.

De pronto recordó que una vecina le había enseñado varias recetas de repostería en las cuales se usaba el chocolate amargo (la golosina favorita de su marido).

De entre todas las que conocía, eligió la de las trufas de chocolate, pues ahí se podía ocultar fácilmente cualquier sustancia venenosa.

Al día siguiente compró un frasco de veneno y esparció su contenido en la mezcla. Luego usando guantes de tela formó minuciosamente cada pieza y las cubrió con un baño de cacao, para alejar cualquier sabor extraño.

Después fue al colegio a recoger a su hija y la llevó a casa de su abuela.

Aguardó pacientemente a que su esposo llegara y con una sonrisa en los labios le dijo:

– ¿Qué bueno que llegaste?

– Uh, huele muy bien.

– Preparé esta cena romántica para reconciliarnos.

– Muchas gracias mi amor pero… ¿y Karen?

– Por ella no te preocupes, la dejé con mi mamá. Esta noche es de nosotros.

La pareja cenó y rió como hacía décadas. Luego, al momento de servir el postre, Jazmín se levantó de la mesa y le llevó a Lisandro una charola repleta de trufas de chocolate amargo.

El hombre comenzó a comer varias de ellas, mientras su mujer sólo se limitaba a observarlo.

– ¿No quieres una Jazmín, están riquísimas?

– No puedo por mi diabetes. Disfrútalas tú, pues en su interior se encuentra lo que siento por ti.

En menos de una hora el veneno hizo efecto, con lo cual Jazmín había consumado su venganza.