Terror en la bodega de vinos

Terror en la bodega de vinos

Cierto día Jorge caminaba por entre los prados hasta que se dio cuenta que pronto caería una gran tormenta. El cielo se ennegreció en un santiamén y los rayos eran lo único que alumbraba aquel paraje.

Corrió a toda prisa, pues quería refugiarse de la lluvia, mas no encontraba ningún sitio próximo.

Después de unos minutos, alzó la vista y notó que frente a él se encontraba una vieja casa hecha de piedra. Se acercó a la morada y con el puño cerrado golpeó la puerta de madera fuertemente. Esta se abrió acompañada de un intenso rechinido, lo que hizo que a Jorge le entrara un terrible sentimiento de terror en el cuerpo.

Sin embargo, sabía que era mejor estar aquí que en otro lado. Del bolsillo de su pantalón sacó su encendedor y lo usó para ubicarse mejor dentro de la propiedad.

Empotrado en una pared vio un soporte el cual sostenía una tea. La encendió y camino por el extenso pasillo. Al final del corredor topó con un portón de gran tamaño.

- ¿Hay alguien ahí? Gritó enérgicamente.

Una vez más nadie le contestó. Entonces se dispuso a averiguar qué era lo que había en esa habitación.

Entró y se dio cuenta que aquel cuarto estaba repleto de botellas de vino. De hecho era una colección de bebidas y licores de distintos países cuidadosamente colocados en estantes según su grado de añejamiento.

- ¡Me saqué la lotería! Éste va a ser un auténtico festín.

Como pudo reventó el cuello de una botella y comenzó a beber su contenido como si de agua se tratara. Así lo hizo con varios recipientes más, hasta que perdió el conocimiento.

Desorientado abrió los ojos y su vista se enfocó en un recipiente de color dorado que tenía escrita una palabra en idioma antiguo.

Lo destapó y apreció que se trataba de un licor color marrón de fuerte aroma.

- Veamos a que sabe. Dijo.

Desdichadamente tras unos cuantos tragos, la piel de su cuerpo se le empezó a desprender y lo mismo pasó con sus órganos internos. Increíblemente la sangre de Jorge viajó por el aire hasta depositarse dentro de la vasija dorada.

Poco después las botellas volvieron a acomodarse y los restos del hombre se esfumaron por arte de magia negra.

En casa de mi tía Marta

Leyendas y cuentos de terror

Este acontecimiento ocurrió hace más de 20 años, pero perdura en mi memoria como el día en que sucedió. Todos los martes por la noche nos reuníamos en casa de mi tía Marta para cenar. Invariablemente el menú estaba compuesto por tamales y atole.

Antes de pasar al comedor, platicamos un rato sobre las cosas que nos habían pasado durante la semana. A veces esas conversaciones se podrían prolongar hasta un par de horas. Justamente a las nueve de la noche, se escuchó claramente cómo alguien entraba por la puerta principal (lo sé, porque en ese momento sonó el reloj cucú, que se encontraba empotrado en una de las paredes).

Todos los que estábamos sentados en la sala, vimos pasar a un hombre con un abrigo y sombrero. Era Narciso, mi bisabuelo. Él acostumbraba llegar un poco antes de la cena, para que así le diera tiempo de dormir una pequeña siesta. De igual forma, tenía la costumbre de irse a su cuarto sin saludar a nadie. Por lo que a nadie tomó por sorpresa ese comportamiento.

La charla siguió y el tiempo pasó volando. Minutos antes de las 10, mi tía me mandó a despertar a mi bisabuelo para cenar. Llegué a su habitación y me llamó la atención que no estaba ahí. Es más, tanto la colcha cómo las almohadas se encontraban perfectamente acomodadas, es decir, estaban dispuestas de un modo inmaculado. Como la casa era muy grande, pensé que estaba en otra habitación, busqué de arriba abajo y no lo encontré.

Me disponía a bajar las escaleras cuando sonó el teléfono, levanté la bocina y una cálida voz me dijo: Sigue leyendo

La leyenda de la Nahuala

La leyenda de la Nahuala

La leyenda de la Nahuala es una historia que se acostumbra relatar pocos días antes de que llegue la fecha del Día de Muertos.

Como muchas historias antiguas de México, la leyenda de la Nahuala también se sitúa en los últimos años de la Nueva España, es decir, poco tiempo antes de que se ejercitara la guerra de independencia impulsada por el cura Miguel Hidalgo y Costilla.

La leyenda de la Nahuala: Orígenes de la crónica

Los acontecimientos que estoy a punto de relatar, supuestamente ocurrieron en la capital del Estado de Puebla, allá por el año de 1807. Resulta que en una de las calles del centro de la ciudad vivía un niño de nombre Leonardo junto con su hermano mayor, a quien habían bautizado como Fernando.

Ambos chicos vivían en compañía de su abuela, una señora mayor que se dedicaba a cuidarlos. Cuando la anciana se iba a trabajar o a comprar comida, Fernando aprovechaba ese tiempo para contarle al pequeño Leo cuentos y leyendas de terror.

Una de las historias que más miedo le producían a Leonardo era la de la leyenda de la Nahuala. Se decía que este personaje era una especie de bruja malvada que vivía en un viejo caserón.

Por su parte, los lugareños tenían conocimiento de que esta hechicera tenía cautivas a dos almas desde mediados del siglo XVIII y que a últimas fechas estaba en busca de una tercera, para así poder tener el poder suficiente de terminar de una vez y para siempre con cada uno de los habitantes del pueblo.

Poco tiempo después, Fernando es capturado por la Nahuala y Leonardo es la única persona que puede ir a rescatarlo. El chico deja sus temores atrás y se embarca en esta travesía acompañado únicamente por su abuela.

Desafortunadamente, también Leonardo cae en las garras de la bruja, aunque gracias a su astucia logra escapar para luego enfrentarla.

Leo gana la batalla y la leyenda de la Nahuala concluye con los nativos del pueblo festejando el día de los muertos.

¿Cómo llegó la leyenda de la Nahuala a la gran pantalla?

México es un país mundialmente reconocido por la calidad que imprime en los doblajes de voz. No solamente porque escoge (en la mayoría de los casos) a excelentes actores, sino porque sus adaptaciones de guión al tener como base un “castellano neutro” pueden ser disfrutadas en América latina, sin que surjan confusiones en el lenguaje.

Sin embargo, la nación azteca no se distingue por elaborar productos de animación. Un ejemplo de esto es justamente la leyenda de la Nahuala, cinta que ocupa apenas el puesto número seis en esta categoría.

A pesar de eso, el largometraje cosechó varios premios y obtuvo críticas positivas. Basta con mencionar que la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas le otorgó el Ariel. De igual manera, la prensa asociada dedicada a reseñar el séptimo arte, le entregó la Diosa de Plata.

Los realizadores de esta película planearon seguir las andanzas de Leonardo (o Leo como se le conoce) en otras dos películas.

La primera de las secuelas, fue estrenada hace tres años y versa sobre la Llorona. En tanto que la última de la trilogía, se estrenó apenas hace un par de meses.

El DVD de la leyenda de la Nahuala tiene un costo menor a los $60 mexicanos y se consigue en tiendas de discos y almacenes de prestigio.

El sucesor de belcebú

El sucesor de belcebú

Cuenta la gente de un viejo pueblo latinoamericano que había una joven muy bella de nombre Salvina a quien todos los lugareños frecuentemente la abordaban con propuestas matrimoniales.

Ella sabiendo que su hermosura era un arma poderosa, se dedicaba a rechazarlos hasta que llegara el hombre ideal.

Una fría noche de otoño, Salvina conoció al hombre de sus sueños, Artemio Fernández. Se trataba del hacendado más rico del pueblo. A los pocos meses de comenzar a salir contrajeron nupcias en una fastuosa ceremonia.

Sin embargo, pasaron varios años sin que se tuviera noticia de que en la casa de los “Fernández” habría pronto un heredero. De hecho, la gente contaba en sus tertulias que lo que ocurría era que Salvina tenía serios problemas de infertilidad (aunque cabe aclarar que en aquellas fechas a ese padecimiento no se le llamaba así).

Al notar la desesperación de la joven, su nana se le acercó y le comentó:

- Mi niña, yo conozco a un curandero que le puede arreglar sus problemas.

- ¿A qué problemas te refieres Bernarda?

- Ah, pues a eso de que no puedes tener chamacos. Me preocupa que el señor se canse de esa situación y busqué a otra mujer.

- ¿De veras crees que podría dejarme?

- Claro. Pero yendo a donde le digo, eso jamás sucederá.

Salvina percibió que su nana tenía razón, por lo que no tuvo el menor reparo en acudir a entrevistarse con el brujo.

El curandero le recetó un frasco de píldoras y le comentó que en menos de 70 días quedaría encinta.

Dicha premonición se hizo realidad apenas un mes después de comenzar a tomar la supuesta medicina. Las fases del embarazo fueron pasando conforme a lo previsto hasta que llegó el sexto mes, fecha en que la criatura de Salvina vino del mundo.

A es que todos vieron que aquél era un bebé grande y saludable. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que algo no andaba bien. Cuando cumplió cinco años, de su frente brotaron un par de cuernos y la gente del pueblo comenzó a fallecer.

Fue entonces cuando el sacerdote se dio cuenta de que ese engendro era el El sucesor de belcebú en la tierra.

El fantasma de la ventana

Cuentos de terror

La historia que enseguida voy a relatarles, me acaba de suceder hace unas pocas semanas. De hecho, fue comenzando junio fecha en la que me mudé de casa. Mi apartamento es pequeño, pero tiene muchísimas ventanas y como está ubicado en el quinto piso de un edificio, la vista es inmejorable.

Una tarde, el cielo se ennegreció y en cuestión de segundos se comenzaron a escuchar truenos fortísimos. A mí en lo particular me gustan las tormentas fuertes, pues hasta cierto punto el sonido del agua y del viento golpeando contra las paredes me parece relajante. Tomé un libro de la repisa, me acomodé en un sillón y justo cuando me disponía a leer empecé a escuchar unos golpecitos en la ventana del comedor. Fui hacia ella, pero no había nada, ni siquiera una rama que por efecto del viento rosara el vidrio. Apenas había regresado a mi lugar cuando volví a escuchar aquel sonido, sólo que ahora con mayor fuerza. Era como si con un dedo de la mano estuvieran golpeando, como cuando le tocas al cajero para que te atienda. En fin, esta situación se repitió varias veces, hasta que apareció la figura de un hombre. Lo que llamó mi atención es que éste llevaba la ropa ensangrentada.

Desconozco la razón, pero no sentí miedo, al contrario, abrí la ventana y le pregunté:

– ¿Qué es lo que necesitas?

– Ayuda… ayuda. Era todo lo que decía.

– ¿Quieres que te siga?

Él asintió con la cabeza. Me puse una chaqueta y salí corriendo. Cuando llegué a la puerta del edificio, aquel hombre estaba esperándome. La sangre de su vestimenta, había desaparecido por completo.

Me dijo: – ¡No hay tiempo, corre hay que sacarlo! Sigue leyendo